jueves, 27 de septiembre de 2012

Capítulo 11: Un efímero regreso.

Estábamos en casa jugando al billar, echando nuestra última partida, cuando Axel coló, por último, la bola del 8.

-Vuelvo a ganar, Mizuki -sonrió.
-¡Ooooh! Siempre ganas tú. -Me tiré sobre la mesa de billar, ocupándola entera.- ¡Pues ya no juego más! -Dije, bromeando.
-Entonces jugaré a otra cosa -Tiró de mis piernas hacia él, de modo que le rodeasen la cintura, su otra mano se posó sobre mi espalda, tirando de mí hacia él, dándome un efímero beso. -¿Qué haremos hoy?
-Pues... -Me quedé pensativa unos instantes.- No sé. ¿Qué quieres que hagamos?
-Pues... -Suspiró y, de forma rápida e ineludible, me dió un mordisco, solamente con un colmillo, lo suficiente para hacerme sangrar un poco, bebiendo mi sangre. -Bien, ahora... dame unos minutos.
-Uhm... Eso se avisa. -Dije llevándome la mano al cuello.
-Agradece que lo hice rápido, y ahora ya lo peor ha pasado...
-Vaya, claro... Gracias. -Dije riendo. -¿Y ahora...?
Después de varios minutos sin mediar palabra en su ensimismamiento y concentración, respondió.
-Mastema, ¿Realmente no lo conoces?
-Yo, personalmente, no. ¿Por qué?
-No es nada... -Caminó, cogió un cigarro y lo encendió, aspirando levemente, cuando pareció caer en la cuenta de algo- ¡MIZUKI!
-¿¡Qué!? -Me llevé una mano al pecho.- Qué susto...
-Coge todo cuanto necesites, hurga las cartas que le dejaron tus padres a Henry, tenemos que ir a donde se conocieron tus padres, y rápido.

Asentí y cogí el libro hueco, metiéndolo en una pequeña mochilita.
-No necesito más, creo.
-De acuerdo, te espero en el coche, -amarró la espada a su espalda y echó a correr hacia éste, arrancándolo para esperarme.
Cogí también la daga y me la até al cinturón.
-Uff... Casi se me olvida... -Bajé corriendo y me metí al coche. -Preparada.
-Lo siento, Mizuki, no voy a andarme con contemplaciones. -Puso el coche a tope, esquivando coches a izquierda y derecha a toda velocidad por la autopista. -Dime a donde tenemos que ir, ya.
-Tenemos que ir hasta Verona, Axel.

El coche dio todo lo que pudo de si, hasta que llegamos al centro de la ciudad, aparcó de un frenazo, bajando del coche. -¿Sabes correr rápido?
-Ehm... No. -Torcí el gesto.
-Huh... -Dijo calmado. -Podremos ir andando, no te preocupes, solo sígueme.

Me pegué a su lado,  como pude entre tanta gente. Finalmente llegamos al rincón donde las jóvenes ponían sus cartas a Julieta, no había nadie, lo cual facilitaría todo.

-Veamos... -Miró bajo un banco, y había una carta doblada, como si tuviese casi veinte años, a juzgar por su desgaste. -Bingo.
-¿Huh? -Miré la carta con curiosidad.- ¿Qué es eso?
-Al haber ''entrado'' a la mente de tu padre, a sus recuerdos, vi que metió esto, pocas horas antes de que... muriese, yo no soy el más apropiado para leerlo -me ofreció la carta.
-No importa... -Abrí la carta y la leí.- Veamos... Hemos de ir a Madrid. ¿Otra vez? Al Retiro, la estatua del ángel tiene todas las respuestas... ¿Cómo...?
-Bien, no te preocupes, como podrás imaginar, tengo contactos en todos lados, podemos salir en menos de 2 horas, no hace falta equipaje, tengo la sensación de que volveremos pronto, al menos yo, Mastema no se va a ir de rositas, al menos no después de haber ma... -se calló estrepitosamente, como si pretendiese ocultarme algo.
-¿Después de qué, Axel? -Le miré frunciendo el ceño.
-Mizuki... puede que sea duro para ti.
-Da igual. Dímelo, Axel. Odio que me oculten información.
-El mismo demonio al que yo busco, es el encargado de la muerte de tus padres.
Abrí la boca y me la tapé.
-No puede ser...
-Tranquila, ¿vale? Lo arreglaremos todo juntos, ahora sube al coche, vamos al aeropuerto, y si no te importa, cagando ostias.
-Claro... -Recuperé la compostura.- Vamos.

Cogimos el coche, y arrancamos rápido, y a medio camino, Axel tomó mi mano.
-Lo haremos juntos, ¿de acuerdo?
Le sonreí más o menos tranquila.
-Vale...
-Di lo que sea Mizuki, sueltalo todo.
-Nada, que nunca creí en las casualidades, y ahora... ¡POFF!
-Yo tampoco creo que sea casualidad, Mizuki. como ya te dije, creo que algo se cuece.
Esto me huele muy mal, Axel... Muy mal.
Soltó mi mano poniéndose la mano en la nariz a modo de pinza.
-Entoncezz no huelazz.
Rompí a reír por lo que me había hecho.
-¡Bobooo!
-Al menos te reíste.

Al llegar al aeropuerto, uno de los contactos de Axel nos esperaba, solo tuvo que bajar la ventanilla, y decirle ''Madrid'', nos indicó por donde ir, y subimos al avión con el coche.
-Esta vez, no bajaré en todo el viaje...
-¿Uhm? ¿Por qué?
-No tengo ganas, además... creo que debería investigar esto un poco. -Señaló la espada demoníaca que portaba.
Asentí sonriendo levemente.
-¿Te ayudo?
-Sí, ven. -bajamos del coche y empuñó su espada. -¿Recuerdas la esfera de energía que me lanzaste en el entrenamiento?
-Claro...
-Concentra una y lánzamela -Empuñó la espada, poniéndose en guardia.
Lancé una bola de energía una vez hecha, él blandió su espada, y ésta absorbió dicha energía, haciéndola desaparecer.
-Tal y como suponía...
-¿Qué ha pasado?
-Es una esencia demoníaca la que alberga esta espada, y la energía azul que desprendes, es angélica, están hechas para destruirse la una a la otra, y la espada absorbió esa energía, fortaleciéndola.
-Oh. Ya entiendo. -Me rasqué la barbilla.
-Verás... Te lo explicaré mejor. Transfórmate en ángel.

Me transformé, por primera vez en mucho tiempo, en ángel. El efecto era el contrario al de la transformación demoníaca. El pelo se clareó, quedándose más naranja que rojo y los ojos eran verde acuoso, verde azulado.

-¿Y bien...?
Acercó la espada a mi.
-¿Notas como si fuera un... repelente? ¿Algo que te incita a acabar con ella?
-Sí... Hay algo que me hace tener que mantenerme alejada de ella...
-Eso es porque tu esencia angélica repele la demoníaca. Al igual que si hago esto. -Soltó la espada, y esta salió despedida en dirección opuesta a mi, como si se tratase de imanes de polos iguales.
-Ya entiendo...
-Mizuki, creo que ahora, podré decirtelo sin tartamudear.
-¿El qué, Ax?
-Te quiero...
Me abracé a él, aunque las alas eran un poco incómodas para ello.
-Yo también te quiero...
-¿Sabes? Me gustaría bautizarla -señaló a la espada, volviendo a colocársela en la espalda-
-¿Ah, sí? ¿Cómo la llamarías?
-Eso es lo que no tengo claro aún, ¿se te ocurre algo?
-Nada de nada. Además, es tu espada. El nombre se lo pones tú. -Reí contenta y volví a mi forma humana.
-Umm... Estoy entre dos posibles nombres. ¿Escogerás tú por mí?
-Claro. Dímelos.
-¿Segadora... o Desgarradora?
-Desgarradora me gusta.
-Entonces, Desgarradora se queda.
-¡Estupendo! -Salté emocionada.
-Ahora, supongo que eres la madrina de la desgarradora -sonrió, mostrando todos los dientes.
Eché a reír.
-Eso parece.
-Sí. -Volvió a reír. -Mizuki... -Se sentó sobre el capó.
-¿Sí...? -Dije, volviéndome hacia él.
-¿Te apetece...? -Se sonrojó sin atreverse a hacer una propisición indecente.
-¿Aquí... ? -Me sonrojé yo también sin poder evitarlo y me señaló al coche. Asentí roja cual tomate.
-Vamos. -Susurré.
Entré al asiento trasero, seguido de mí, y me acerqué lentamente a sus labios, entreabriendo los míos. Nos desnudamos completamente, total, nadie nos vería, dado que la parte de atrás, estaba tintada.
-Te quiero... -susurró.
-Y yo a ti...
Penetró en mi, llevabamos un tiempo en faena, pero antes de terminar, ibamos a aterrizar.

-¡Joder, mierda, coño! -Se vistió a toda prisa, poniendose en el asiento del conductor.
-Joder... -Me tomé más tiempo que él para vestirme.- Qué momento...
-Tranquila, remataremos en Italia, esto no ha terminado, ¿eh? -Me tocó una nalga de sorpresa mientras me vestía.
Le guiñé un ojo y me pasé al asiento del copiloto.

-¿Lista para ir de carreras?
-Por supuesto... -Dije con sarcasmo. -Tirando.
Pegó un acelerón, y al llegar, aparcó por los alrededores, el centro, estaba muy concurrido.
-¿Vamos?
-Claro, pequeño. ¿Hace falta ser discretos?
-¿Por qué?
-Hay mucha gente. Si parecemos sospechosos, podemos estar en problemas. Aunque para un demonio, es fácil percibir lo que eres tú, pero lo mío es complicado.
Señaló de nuevo a la Desgarradora.
-Con esto nos apañaremos, de todos modos... -señaló de nuevo. -Ahí está el ángel caído -La espada se vio repelida por algo- Mizuki, hay un ángel, o algo similar por aquí.
-Ya lo noto... Es... Es... ¿otro mestizo? No...
-No, no es eso... lo hubiese visto. Hasta aquí puedo llegar yo, la espada tira de mi demasiado fuerte.
-Aún no estoy muy fina con mis sentidos... -Me acerqué a la estatua.- ¡Axel! -Le grité.- ¡Es aquí!
En ese momento, un ángel, al ver la espada secuestrada, se lanzó en picado a por mi.
-¡A LA MIERDA MIS PRINCIPIOS! -Axel asió la espada con fuerza, desangrando de una estocada al ángel.
Caí de rodillas, sosteniendo la espada entre mis manos. Llevaba una estrella en la empuñadura, y en ese momento lo sentí.
-Mamá...
-¡Mizuki! -gritó Axel desde lejos.- ¿Quieres sentir a un verdadero mestizo?
-¿Cómo?
-¡Blande tu espada! -Se dirigió rápidamente hacia mi, alzando la suya, con intención de chocarlas.
La blandí hábilmente, dado que era de filo fino, muy ligera. Finalmente chocaron, y una gran fuerza, nos hacía repelernos, pero ambos aguantamos la posición.
-¿Lo notas?
-Como para no. -Dije con un ligero esfuerzo en la voz.
-Esto... seguramente fue lo que sintieron tus padres al concebirte.
-Quién sabe... Pero sólo estaba la de mi madre. Quizá Mastema tenga la de papá, tal vez consiguió encontrarla.
-Quizá. Bueno, ¿Alguna carta? ¿Alguna pista? Supongo que no, te dejaron la anterior, para encontrar esto, quizá sabían que esto pasaría tarde o temprano...
-Supongo... Era cuestión de tiempo.
-¿Te apetece volver a la tierra de los espaguettonis? -sonrió divertido.
-Claro... Volvamos. -Sonreí y le cogí de la mano, echándome la espada a la espalda.
-Sabes que te tocará entrenar el manejo, ¿no? Yo ya se manejar espadas, e incluso armas que no imaginarías que conozco.
-Lo sé, lo sé...
-¡Oye! Ahora que estamos en Madrid, me gustaría hacer algo, si no te importa.
-¿El qué?
-Me gustaría pasar por casa, a recoger algo.
-Oh, claro. Vayamos pues. ¿Puedo saber de qué se trata?
-¡Claro! ¡De mi Audi R8!
-¡Yujuuu! -Grité emocionada.-

Subimos al coche, pasamos por casa de Axel, y cuando éste vio su coche, se abalanzó sobre el, abrazándolo.

-¡AY MI BEBÉ COMO LE HE ECHADO DE MENOS!
-¿Vas a dejar aquí a Chevy?
-¿Tienes carné de conducir?
-No he tenido tanto tiempo libre como tú...
-Uhm... lo dejaré aqui, pero alguien volverá a cuidarlo.
-¿Quién se encargará de ello?
-Redención. Soy su hijo predilecto, no me niegan nada.
-Eres el niño de "mamá", ¿no?
-Exacto, venga, sube. -Subimos al R8. -Lo echaba de menos.
-Ya somos dos...
Fuimos al aeropuerto, y al llegar, pasamos con el mismo mecanismo, un conocido de la organización me dejó pasar, sin pega alguna, subiendo al avión.
-¿Dormimos hasta aterrizar?
-Sí, por favor... Estoy agotada.

Echamos a dormir, hasta que el avión avisó, salimos de él al aterrizar y nos metimos por autopista, ya solo quedaban 10 min para llegar.

-Ha sido un día duro, ¿eh?
-Demasiado. Esta vida es agotadora.
-No, no te refieras a esto como vida, ni siquiera en redención. Nunca me he enfrentado a algo tan gordo, Mizuki. -Se encendió un cigarro, ofreciéndome uno.

-Está anocheciendo, y creo que esta noche dormiré, lo necesito, ¿y tu?
Asentí cogiendo un cigarro y encendiéndomelo.
-Yo también dormiré.
-Pero antes, me encantaría hacer algo -llegamos a casa, y bajamos del coche.
-¿De qué se trata?

Suspiró sin mediar palabra, entrando a nuestra habitación.Yo iba tras él, pegada como una lapa.
-Tú y yo... dejamos algo por zanjar en el avión, ¿no?
Sonreí sonrojándome.
-Eso creo...
Me tomó de la mano lentamente, dejándome caer sobre la cama, besándonos, mientras nos desvestíamos. Pasé mis manos por su piel, cálida y suave. Axel penetró en mi, sin importar el tiempo que pasaba, solo existíamos nosotros, y en ese momento nos importaba bien poco lo que pasaba alrededor. Yo nunca me había sentido como en ese momento, era todo mágico. No había tiempo ni espacio, tan sólo dos personas haciendo el amor con dulzura. Acarició mi torso, poco a poco subió a mi pecho, finalizando en la mejilla, donde poco a poco me besó, sin frenar de embestir dulce y delicadamente.
-Mizuki... Quiero confesarte... algo delicado...
-¿De qué se trata?
-Más bien... es una petición, algo alocada...
-¿Si...?
-No se qué me depara el futuro... no se lo que pasará... solo quiero pedirte... que te cases conmigo...
-Claro que me casaré contigo, Axel... -Me abracé con fuerza a él mientras me hacía el amor.

Finalmente esa sesión de amor, terminó y se tumbó en la cama conmigo abrazada a su pecho.

-Buenas noches, Mizuki... Descansa, nos lo hemos ganado
-Buenas noches, Ax... -Boqueé un par de veces y caí rendida sobre su pecho, una vez más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario