-Mizuki, arriba.
Me desperecé apretando los ojos con fuerza. Al abrirlos, vi a Axel a mi lado. Estaba completamente serio.
-Buenos días, eh...
-¿Estás lista? -Continuaba serio. Muy serio.
-Claro... ¿Por qué estás tan serio? -Pregunté adormilada.
-Porque no hay tiempo que perder, y seré el maestro más inflexible que hayas tenido hasta la fecha. Te esperaré fuera de casa. -Se encendió un cigarro y salió fuera, al jardín.
-Me senté al borde de la cama y me froté los ojos.- Vaya por Dios... -Me levanté, me puse ropa de deporte y salí de la casa, donde él me esperaba.
Axel vestía todo de negro: pantalón de chándal bastante ancho, unas deportivas y una camiseta de tirantes. Toda esa ropa parecía un poco desgastado, como si entrenase todos los días con ella.
-¿Qué nociones tienes de lucha?
-Ehm... Esto... Mis padres murieron cuando tenía cinco años, después, me crié como una simple humana. ¿Qué esperas que sepa?
-De acuerdo. -Se puso en guardia.- Atácame.
-¿Cómo voy a...? -Puse los ojos en blanco y me lancé a darle un puñetazo, el cual paró con facilidad con una sola mano.
Le lancé el otro puño directo al estómago, pero lo esquivó, dando una vuelta completa sobre sí mismo, golpeándome en el gemelo, haciéndome caer sobre la hierba.
-Recupera la posición tras un golpe. Y rápido.
Me levanté sin siquiera sacudirme y le lancé una patada a las costillas. La paró y se acercó a mi oreja.
-Respira con cada golpe. Si pierdes el control de tu respiración, te agotarás pronto, y la pelea se volverá en tu contra.
Asentí soltándome la pierna y le lancé de nuevo un puñetazo poniendo en práctica su consejo. Le costó esquivarlo, de modo que le di de refilón en el hombro.
-No tengas sólo en cuenta los factores externos, piensa que un demonio no va a usar sólo su fuerza para atacarte.
En ese momento, extendí los brazos, apretando los puños. Un aura azul empezó a recubrir mi cuerpo.
-Ni los ángeles tampoco...
Emanó energía roja de su cuerpo con fuerza.
-No me refería a eso, Mizuki.
Mi energía tomo la forma de dos alas, alejándome un poco de él, y empecé a lanzarle bolas de la misma. Esquivó las tres primeras, pero la cuarta le dio de lleno en pleno pecho, tirándole de espaldas varios metros.
-No está nada mal, pero... ¿alguna vez has peleado con tu pasado presente?
-¿Cómo? -Le miré sin comprender, ladeando la cabeza.
-Cada demonio tendrá una habilidad distinta, que normalmente resida en los ojos, y nunca sabrás a lo que te enfrentas. ¿Estás preparada para enfrentarte a los que sea, reitero, lo que sea en tu entrenamiento?
-S-Supongo...
Su energía tomó la forma de dos enormes brazos, cogiéndome por sorpresa y aprisionándome entre las manos con fuerza.
-¿Estás lista para lo peor?
-¡¡No!! -Grité con desesperación.
De repente, Axel me soltó y se dió la vuelta, dirigiéndose de nuevo a casa.
-Entonces no puedo consentir tu presencia. Iré solo.
Corrí hacia él y le cogí por el hombro, haciéndole dar la vuelta.
-Axel, espera... Haré lo que sea con tal de ayudarte.
-¿Lo que sea? ¿Estás segura de tus palabras? -Asentí sin darme tiempo a arrepentirme de ellas.- Perdóname por hacer esto...
Sus ojos brillaron, y, en un segundo, me hizo revivir el fatídico día de la muerte de mis padres, a tiempo para ver a mi padre arrodillado y a mi madre caer sobre la encimera de la cocina, a punto de ser ejecutados. Un grito desesperado se abrió paso por mi garganta, haciéndome caer de rodillas, llorando. De repente oí una voz en mi cabeza, una voz que no era la mía.
-No sirve de nada llorar... Afronta la realidad y sé fuerte a raíz de ello.
-¿Cómo...? -Levanté la cabeza, secando mis lágrimas.
-Mata tus emociones.
-¡Jamás! ¡No quiero ser como un demonio! ¡No quiero!
-Es la única forma de que seas fuerte, Mizuki...
En la habitación se formó la figura de una persona vestida de negro. Era Axel. No sé por qué me estaba haciendo eso.
-No... pienso... ser... lo que no soy...
Mis ojos estaban cambiando de color, se volvían rojos, mientras que mi pelo se tornaba del color del fuego, un rojo completamente vivo, y una furia incontrolada se extendía desde mi pecho. En ese momento, Axel cogió un cuchillo. ¿Iba a matarme? En ese momento no me importaba, la furia se hacía más y más grande.
-¿Prefieres que sea yo quien los remate?
-No puedes... -Carcajeé.- No puedes hacerlo. Esto es sólo un recuerdo...
-¿Ah, no? -Hundió el cuchillo en el pecho de mi padre, dejándolo allí clavado. Éste cayó inerte en el suelo, desangrándose.- ¿Qué me dices ahora?
En ese instante, todo cambió. Me puse en pie, apretando los puños con fuerza. Mi piel comenzó a oscurecerse levemente y unas plumas salían de mis omóplatos, dando forma a un par de alas negras. Me acerqué a él y le cogí del cuello, sosteniéndole unos centímetros sobre el suelo. Al reflejarme en sus ojos, ví que me salían unas marcas negras en los laterales de la cara.
-Basta... -Le solté y caí de rodillas, replegando las alas y volviendo a mi apariencia humana.- ¡Basta!
Axel chasqueó los dedos y volvimos a la realidad, donde me cargó sobre su pecho.
-¿Ves a lo que me refería? Cada demonio utilizará sus métodos, sean sucios o no. ¿Lo entiendes ahora, Mizuki?
-Sí, claro, pero... no vuelvas a hacerlo, ¿vale?
-¿Por qué? ¿Ha sido traumatizante?
-No... -Negué con la cabeza.- Es que si me transformo durante demasiado tiempo, el cambio podría ser irreversible. Es la "maldición" de los mestizos.
Axel se quedó pensativo unos instantes.
-¿Confías en mí?
-Claro...
-Vuelve a transformarte.
Me encogí de hombros y lo hice. Al hacerlo, me dejé llevar de nuevo por la furia y salté a atacarle. En ese momento, Axel me dió un golpe en el vientre, tirándome hacia atrás y haciendo que volviese a ser humana.
-¿Qué has hecho...?
-Vuelve a transformarte, esta vez al límite, como si fuese a ser irreversible.
Volví a transformarme, acelerando el proceso. La piel me ardía en la cara, donde me salieron las marcas. Me miré y, unos segundos después, volví a mi forma humana.
-Vaya. ¿Qué has hecho? -Dije, sonriente.
-Para que me entiendas, he sellado tu parte demoníaca para que puedas usar tus poderes sin perder el control sobre tí misma.
-Genial...
-Subamos a descansar, anda.
Subimos a la habitación y me quedé completamente dormida antes de llegar a caer sobre la cama. Axel se tumbó a mi lado,acariciándome el pelo y besándolo levemente.
-Descansa, pequeña... Ha sido un duro día.
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