lunes, 24 de septiembre de 2012

Capítulo 8: Shopping con sorpresa.

-¿Cómo te ha sentado todo lo sucedido tan recientemente, cariño? -Axel posó una mano sobre mi muslo como gesto afectuoso.
-Pues... al haber tenido esa pesadilla, las posibilidades de asimilar toda la información han sido nulas, así que... -abrí los brazos mientras me encogía de hombros.- Tengo la cabeza como un bombo.
-Se te pasará llendo de compras, ya lo verás. -Sonrió tiernamente mirándome.
-Uhm... -Apoyé la cabeza en el asiento del coche, cerrando los ojos relajando la mente.- Es que ha sido tanta información de golpe... -Le apreté levemente la mano que reposaba sobre mi muslo.
-¿Te sobrepasan tantas emociones?
-No sabes cuánto. -Dije en un suspiro.
Axel rió muy levemente.
-Esto es casi diario cuando perteneces a Redención.
-Vaya por Dios... Menos mal que no pertenezco a la organización. -Reí aliviada por ese pensamiento.

Al llegar a la ciudad, parece que a Axel le llamó la atención una tienda, "Raffaello", de modo que aparcó enfrente y salió el primero para abrirme la puerta. Me tendió la mano desde fuera y se reverenció.

-¿Me acompaña, señorita?
Reí leve y le cogí la mano, saliendo del coche.
-Anda, que vaya pintas llevo para ir de compras... -Aún llevaba los vaqueros y las deportivas.
-Hum... -Axel dio un par de vueltas a mi alrededor y, al parecer, cayó en la cuenta de algo.- ¡Ya sé lo que te falta!
-Ya, y yo también. Un cuerpo nuevo. -Dije riendo.
-No, ya en serio. ¿Sabes lo que te falta?
-¿El qué?
Empezó a rebuscar en su bolsillo y se acercó a mi, metiéndome algo en el bolsillo trasero del vaquero.
-El secreto está en tu culito. -Me guiñó un ojo y sonrió.
-¿Huh? -Metí la mano en el bolsillo y saqué un fajo de billetes de 500. Había como unos 30.000€ más o menos.- ¡Hala! ¿No era mejor pagar en efectivo?
Se adelantó a abrirme la puerta de la tienda, dejándome pasar, y negó con la cabeza.
-No, ¿sabes por qué? -Me señaló al fondo de la tienda, a un dependiente en concreto.- ¿Ves al escuálido mostachudo de ahí? Cuando vayas a pagar, sea cual sea la cantidad, dale más y dile "Quédate con el cambio". Ver su cara de deficiente mental es algo digno de ver. -Rió divertido.
Yo eché a reír con él y empecé a mirar por toda la tienda. Se veía que era una tienda cara, lujosa, donde pocos tenían el privilegio de poder comprar incluso lo más barato. Enseguida vi una camiseta, de un solo hombro, azul clara. Me la puse sobre el torso y me giré hacia Axel.

-¿Cómo me sienta el azul?
Axel negó de nuevo con la cabeza y se giró, sacando una prenda de las perchas que había tras él. Al girarse, me mostró un vestido blanco, de un solo hombro también, corto hasta las rodillas, más o menos, con un broche su único tirante de una rosa blanca. Mis ojos empezaron a brillar y dejé la camiseta en su sitio.
-Es... precioso, Axel. -Cogí el vestido, dándole un ligero beso en los labios, y pasé al probador.

Al dejarlo colgando para quitarme mi ropa, se dejó ver la etiqueta. "¿¡5.000€!? ¿Cuánto piensa dejarse en mí este hombre?", pensé alarmada. Por fin me quité hasta los calcetines y me puse el vestido. Era de mi talla, perfecto, y resaltaba mis ojos y el color de mi pelo. Abrí la cortina y salí a la moqueta del pasillo, donde Axel me esperaba. Le hice un pequeño paseíllo de modelos y me paré frente a él, sonriendo.

-¿Y bien?
Estaba con la boca abierta, la mandíbula colgando, sólo faltaba que se le cayese la baba.
-Estás... es-estupenda.

Axel llamó la atención del señor del mostacho y éste se acercó, sonriendo de forma extraña bajo ese bigote tan hortera, mirándonos con superioridad, como si no fuésemos nadie.

-Dígame, caballero.
-Verá... -Dijo Axel, cortante. Se sacó algunos billetes del bolsillo y se los extendió delante de la cara, aunque mejor dicho delante del mostacho, y le miró algo divertido.- Hemos venido a dejarnos bastante dinero en ésta tienda, de modo que nos gustaría que nos diera un buen trato. -Me guiñó el ojo, divertido.- En otras palabras, nos gusta que nos regalen los oídos.
-Entiendo... -Dijo despacio, intentando cuidar cada palabra. Miró a Axel de arriba a abajo, como analizándolo. Me estaba divirtiendo bastante.- El señor tiene una buena planta, le sentaría de maravilla un Armani, o un Vitorio&Luchino, si me permite el asesoramiento.
Axel puso los ojos en blanco y no pude evitar soltar una leve risa, casi un suspiro.
-A mí no, a ELLA. -Dijo, intentando aparentar exasperación.
-Oh, disculpe mi mal entendimiento... -Me miró con una ceja alzada.- Ese Gucci le sienta como un guante, donna.
-Gracias... Nos lo llevaremos. -Exclamé al fin.
Axel se acercó a él y le metió un billete en el bolsillo del pecho.
-Si me permite un consejo... Si se afeitase ese bigote, ganaría mucho en imagen.

Cuando volví a cambiarme, nos dirigimos a la caja de la mano, ligeramente divertidos.

-Son 5.000€, señorita. -Anunció Mr.Mostacho.
Saqué once billetes de los que antes me había dado Axel. Iban 500€ de más, y le dije, casi susurrando.
-Quédese con el cambio.
-G-Gracias... -Su cara era un espectáculo.- Qu-Qu-Que pasen un b-b-buen día...

Si llegamos a tardar unos segundos más en salir, Axel se hubiese reído en la cara del pobre hombre. Podía imaginar la escena: Axel rompiendo a reír, salpicando de saliva ese enorme bigotón, dejándole con cara de asco.

Axel me llevó al siguiente destino: "Piú Bella", una zapatería. Al entrar, vi un par de zapatos blancos, muy sencillos, de terciopelo. Eran perfectos para el vestido que acababa de comprarme. Al darme la vuelta para enseñárselos, le ví mirando una tienda de ropa barata al otro lado de la calle.

-¿Puedo...? -Me dijo con cara de pena.
-¿Esperas a que me los pruebe y vamos, cariño?
Asintió satisfecho y se sentó a mi lado, esperando pacientemente a que me probase los zapatos. Me levanté y di un par de pasos, mirándole. Observé su gesto de aprobación y me los quité, dispuesta a pagarlos.

-Te espero fuera, ¿vale?
-Vale, ahora voy.

Pagué los zapatos y cogí la bolsa, saliendo por la puerta. Axel estaba de espaldas y murmuró algo, pensando que nadie le oía.

-Ni siquiera yo soy capaz de comprender la suerte que he tenido al encontrarla...
-¿Axel...? -Sus palabras me habían llegado al corazón como un soplo de vida. De repente se giró sobre sí mismo, claramente sorprendido.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-El suficiente. -Me eché a sus brazos, hundiendo la cara en su pecho.- Nunca me había sentido tan querida...
Me rodeó dulcemente con sus brazos, acariciándome el pelo.
-Sólo te trato como mereces, Mizuki...

Nos dirigimos a la tienda y le entró por los ojos una camiseta con varios tonos de rojo, con un estampado como si estuviese rasgada. Se la probó, dando un par de vueltas sobre sí mismo, mirándose.

-Me gusta... Me llevaré veinte.
-¿¡Veinte!? -dije, abriendo los ojos como platos.- ¿Para qué tantas?
-Porque, con mi trabajo, a saber si no se rompe antes de mañana.
-Cierto... -torcí el gesto. Había olvidado a lo que se dedicaba.

Tras pagar la caja con las veinte camisetas, nos acercamos a dejar las bolsas y la caja en el coche.

-¿Necesitas hacer alguna parada de última hora?
Miré a mi alrededor y divisé una tienda de lencería.
-Sí, pero ésta la haré sola. ¿Me esperas aquí?
-Claro... -besó mi frente con suavidad.- Aquí te espero.

Al girar la cabeza antes de entrar a la tienda, vi a Axel hablando con alguien. Supuse que sería algún ciudadano aburrido y entré. Me llevé algún que otro conjunto al probador, aunque sólo me probé los sujetadores, obviamente. Me llevé uno rojo, con una piedrecita brillante en medio, otro negro liso, y uno morado con encaje en las copas. Al salir del probador, me topé de frente con un picardías. Era negro, corto, hasta las caderas más o menos y era semi transparente. Se abría justo bajo el pecho, de modo que dejaba el vientre al descubierto. Iba a conjunto con un culotte de encaje negro, con un lazo de seda negra en un lateral de la zona frontal. Lo cogí sin pensármelo dos veces, sin probármelo siquiera, y pagué todo.

Al salir de la tienda, llamé la atención de Axel, metí la bolsa en el maletero y me subí al coche, desde el que vi que con quien Axel hablaba, hacía una mueca de dolor, y éste entró en el coche.

-¿Quién era?
-Un demonio, y al parecer simpático. -Soltó una leve carcajada.
-¿Y qué te dijo?
-Sé cómo llegar hasta Soneillon. -Dijo, sonriendo triunfal.
-Vaya, qué rapidez. ¿Cómo lo has conseguido?
-¿Viste su mueca de dolor cuando nos despedimos? -En ese momento asentí.- Verás, mi energía puede tomar la forma de una aguja, y una vez que la inserto dentro de alguien, me es fácil seguirlo. Total, sigo mi propio rastro. Por eso destaqué tanto en Redención.
-Genial, así nos será más fácil.
-Mizuki... Me gustaría ir sólo.
Me volví hacia él con la esperanza de que estuviese bromeando, pero no era así.
-¿Pero por qué?
-Porque no quiero ponerte en peligro, y tengo que zanjar mis propios asuntos. Ese demonio dijo que escuchó mi nombre entre dos demonios mayores, y eso no da margen de error. Algo se cuece.
-Ya, pero... pero...
-¿Pero?
-Yo te quiero ayudar...
-Pero no estás instruida para luchar, y una pelea con demonios mayores no es tan sencilla como lo que viste en la carretera.
-Pues instrúyeme.
Axel me miró un segundo y volvó a fijar la vista en la carretera.
-¿Aprendes rápido?
-Me enseñaron a ello.
-Disponemos de una semana para enseñarte. Si en ese tiempo has aprendido lo suficiente, dejaré que vengas conmigo, ¿de acuerdo?
-De acuerdo.

Sonreí y llegamos a casa tras unos minutos, donde sacamos todas las bolsas, aunque cogí primero la de la lencería para que no lo viese, quería sorprenderle. Al subir a la habitación, Axel se tumbó en la cama y yo me metí a la ducha para despejarme de todo lo que había pasado ese día.

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