jueves, 20 de septiembre de 2012

Capítulo 3: El número.

Resultaba que Axel no era un mal tipo, después de todo. Llevábamos charlando un rato sobre tonterías, de esto, de aquello... y llegamos al tema de la ley. Yo, siendo lo que soy, no tengo normas raciales, ya que no pertenezco ni a uno ni a otro bando, pero sí tenía unas normas fuera de eso.

-Normalmente no bebo, pero, por una vez, me salto las normas. Total, no es malo... -Me dijo Axel, convencido.
-Yo no tengo normas, la verdad... Soy alguien libre y sin ataduras legales. Bueno, sí... Mi jefe me tiene prohibido beber en horas de trabajo, aunque no haya nadie, como hoy. -Me encogí de hombros mirando alrededor.
-Pues a mí, más que un jefe, me parece un capullo.
Eché a reír con su comentario, negando con la cabeza.
-Oye, aunque no te permitan beber... Supongo que te permitirán un descansito de diez minutos, ¿no?
Asentí y salí de la barra, cogiendo mi pequeño bolso, que estaba tras ésta.
-No me vendrá mal fumarme un cigarro...
-Deja el bolso, invito yo.
Sacó un paquete de Chesterfield, casualmente mi marca favorita, mientras que con la otra mano me abría la puerta. Salimos y me apoyé en la pared, cogiendo un cigarro del paquete y devolviéndoselo. Me dió fuego y ambos fumamos durante unos segundos en completo silencio, hasta que decidió romper con ello y hablar.
-Oye, Mizuki... ¿puedo preguntarte algo?
-Lo acabas de hacer. -Reí nerviosa, pero me callé de pronto. Había soltado otra tontería, malditos nervios.- No, ya en serio. Pregunta lo que quieras, dispara.
Puso dos dedos en mi sien, simulando que disparaba.
-¡Pum! -Le miré con la ceja alzada y quitó los dedos.- Vale, ya está... A ver, quería preguntarte lo siguiente: ¿Por qué has confiado tan rápido en mí? Creía que no me ibas a hablar si no era estrictamente profesional.
-Y lo hubiese sido si no te hubiese encontrado a dos dedos de mi cara, para variar. -Solté un par de carcajadas, relajando el ambiente.-Supongo que me has transmitido buenas vibraciones, nada más...
-¿Por qué? -Se le notaba curiosidad en la voz, como un niño pequeño.-
-Porque has sido más... original, a la hora de acercarte a mí, y porque no eres como los borrachuzos que me encuentro siempre de camino a casa...
-¿A qué hora sales?
-Pues entre las 4 y las 5 de la mañana... ¿por qué?
-Porque, si quieres, puedo venirte a buscar con el coche, así no tendrías que aguantar borrachos.
-V-V-Vale... -me tembló la voz y una sensación rarísima me cruzó el pecho. El hecho de que iba a subirme en su coche me... ¿excitaba?
Fumamos de nuevo en silencio, apagamos el cigarro, y me dispuse a entrar, pero al mirar hacia atrás, Axel estaba quieto, con una mano en el pecho. Me miró con angustia. Bajo la luz de la farola que había en la puerta del pub, pude ver su color de ojos. No me habían parecido rojos, si no que lo eran. Se humedeció los labios y me preguntó:
-Mizuki... ¿a qué día del mes estamos?
Eché cuentas y le respondí, con la voz algo temblorosa.
-Estamos a... veintitrés, ¿por qué? ¿Estás bien? -Me di la vuelta por completo y me puse junto a él.
-Sí, pero tengo que irme... Vendré a buscarte, ¿vale? -Se quitó el colgante que llevaba al cuello en forma de pentáculo, se sacó cinco euros del bolsillo, y me dió ambas cosas.- Los cinco pavos son para que me cobres el Gintonic. -Me guiñó un ojo y salió corriendo, perdiéndose en la oscuridad.

Entré algo preocupada al pub, me metí tras la barra, cobré el Gintonic, y me guardé las vueltas y el colgante en el bolso.
Tras limpiar y secar el vaso del Gintonic, me senté en un taburete alto desde mi puesto de trabajo.
"Maldita sea, no pasa ni dios... ¿Por qué Henry se empeña en abrir los Martes? Es más raro...". Negué con la cabeza sobre mis pensamientos y cogí mi móvil. Estaba a punto de pasarme la pantalla de un juego cuando entró un cliente. Sonreí, maldiciendo para mí, y le di la bienvenida.

-Bienvenido. ¿Desea tomar algo? -Sonreía falsamente, ya se me daba mejor que al principio, cuando una mueca extrañísima era lo más cercano a una sonrisa que podía fingir.
-Claro. Póngame un mojito, por favor.
Asentí y me puse a prepararlo. Se lo serví con una nueva sonrisa y bebió un sorbo con la pajita. Me disponía a volver a sentarme cuando llamó mi atención.
-Disculpe, señorita... -Me acerqué, escuchándole. Pensaba que tendría alguna queja del mojito, quizá le había puesto demasiado hielo, o tal vez me quedé corta de hierbabuena, pero, para mi sorpresa, no quería quejarse.- Verá, es que he encontrado esta libreta a unos metros de aquí, y pensé que podría ser de algún cliente.
La cogí entre mis manos y la miré, abriéndola para comprobar si había algún número de teléfono. Efectivamente, en la primera página había un teléfono de contacto, pero ningún nombre. Suspiré y cogí el teléfono fijo del pub, marcando con paciencia. Terminé de marcar y esperé a que diese tono.

No sé quién me esperaba al otro lado del teléfono, pero me esperaba cualquier cosa a esas alturas. Un teléfono sin nombre, una desaparición misteriosa, y una libreta perdida... ¿Qué hay tras todo esto?

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