Era la hora de cerrar y eso hice. Mientras echaba la llave a la reja metálica que cubría la puerta de "El Lobo", me vino a la cabeza la conversación telefónica del misterioso número.
-¿Diga? -La voz del otro lado me era extrañamente familiar, y además, sonaba agotada.
-Hola, verá... Al parecer se le ha caído una libreta cerca de mi lugar de trabajo, y me preguntaba si podría venir a recogerla o algo.
-¿Mizuki?
De pronto caí. Claro que me era familiar, la había escuchado unas horas antes.
-¿Axel? ¿Eres tú? ¿Qué te ocurre? Pareces cansado...
-Tranquila, estoy bien. En media hora pasaré a recogerte, ¿vale? Eso sigue en pie.
-Está bien, te veo luego.
"Debió de caérsele al salir corriendo, supongo.", pensé. Terminé de cerrar y me guardé las llaves en el bolso, junto con las cosas de Axel. Miré a ambos lados, pero no vi coche alguno, aunque en un despiste, tenía delante de mi un Audi R8 negro, brillando como si estuviese iluminado por el mismísimo sol. Sonreí y me subí, dándole un beso en la mejilla a mi acompañante justo antes de abrocharme el cinturón. Me miró un instante y arrancó en dirección a mi casa, dejando que le indicase el camino.
Unos minutos después, estábamos parados frente a mi portal, mirándonos. Yo no quería despedirme aún y, al parecer, él tampoco. Me armé de valor y, al fin, hablé.
-¿Quieres... subir?
-¿Por qué? Soy un desconocido para tí. ¿Invitas a todos los desconocidos a tu casa? -Dijo, sonriendo de medio lado.
-Por supuesto que no, pero... es que siento como si te conociese de toda la vida, no sé...
-Bueno, subo, pero espérame mientras aparco, ¿vale?
-Vale. Por cierto, mi piso es el tercero. Solo hay una puerta por piso, así que no tiene mucha pérdida.
Salí del coche y subí, aprovechando para cambiarme, poniéndome mi camisón de raso morado y quedando descalza sobre el suelo de madera. Me quedé sentada sobre la cama, mirando hacia lo alto de la pared, en la que había pintada una frase: "Mas allá del arcoiris". El timbre me sacó de mi ensimismamiento, me levanté y abrí a Axel, dejándole pasar y cerrando tras él. Le guié al salón y le ofrecí asiento.
-¿Quieres tomar algo?
-Un poco de agua estaría bien. -Volvió a sonreír de medio lado y fui a la cocina, volviendo con una jarra de agua y un par de vasos. Serví un poco en ambos y me senté a su lado.
Nos quedamos callados, cada uno a lo suyo, pero Axel rompió el silencio hablando con una voz muy suave.
-Mizuki, puedo... ¿puedo pedirte algo?
Asentí alzando la cabeza y mirándole directamente a los ojos.
-Claro, ¿de qué se trata?
-¿Me das la mano...? -se le veía algo cortado, quizá. Con el flequillo por la cara y la poca luz de mi salón, no se apreciaba mucho, pero parecía que estaba algo ruborizado. Mi mano se deslizó sobre la suya y la estreché con fuerza y a la vez con suavidad, mirándole con cariño.
De pronto todo pasó muy rápido. Me vi con nuestros labios enlazados y con él ligeramente sobre mí en el sofá. Estaba nerviosa, pero mis manos actuaban solas. Pasé las manos bajo su camiseta y se la quité, dejando ver una gran cicatriz en forma de "X" sobre el torso. Me quedé sin saber qué hacer o decir, tan solo miraba su cicatriz, preguntándome cómo pudo hacérsela. Se separó de mi y se puso su camiseta.
-Lo siento, Mizuki... He de irme. No puedo seguir.
Asentí algo avergonzada.
-Lo entiendo, discúlpame... Solo respóndeme a algo. ¿Volveremos a vernos?
Me miraba serio, pensando qué decir, y finalmelte asintió.
-Claro. Pronto, te lo prometo. -Cogió un papel de encima de la mesa y apuntó algo.- Éste es mi móvil. Cuando me necesites, llámame y aquí estaré. -Se dió la vuelta y salió por la puerta, dejándome allí sola con el sabor de sus labios en los míos.
Una vez acostada, me quedé tumbada sobre el costado, mirando esa frase de nuevo. Más allá del arcoiris...
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