domingo, 30 de septiembre de 2012

Epílogo segundo: Axel.

Empleé mi tiempo en entrenar, y a descansar todo cuanto pude, no tenía ganas de nada, los segundos, se me hacían minutos, los minutos, horas... las horas... Bueno, ya me entendéis.

Dediqué un año a estudiar el libro que recientemente había obtenido, para poder aprender todos los conjuros de memoria, me gustaría conservar ese libro en buenas condiciones, al fin y al cabo, es lo más parecido que tuve a un... recuerdo familiar, y con mi trabajo, no sabía si me duraría mucho llevándolo encima.

Viajé a Madrid, y me dispuse a entrar en ''El Lobo'', quizá algo masoquista por mi parte, el hecho de querer revivir tantos recuerdos. Tras entrar, supuse que Henry se habría enterado de mi fuga, y quizá por eso vino con intenciones agresivas, ambos salimos a la parte de atrás del local, donde quiso agredirme, y en una fracción de segundo, él estaba en el suelo, con Desgarradora apuntando amenazante a su cuello.

-Tenemos dos opciones, Henry.
-¿Y esas cual son, malnacido?
-La primera, aceptar el dinero para ir a ver a Mizuki, cuidar de su hijo, y moderar tu lenguaje. O la segunda, degollarte en un instante.

Tras aceptar una sustanciosa cantidad de dinero y gruñir por lo bajo, en lo cual supongo que maldeciría mi existencia, personalmente, me la traía floja...

¿El portal que creé cuando me marché? Me llevó a Alemania, una vez allí, me alojé en un apartamento, muy próximo al Tiergarten, me dispuse a solucionar todo, o al menos a intentar descubrirlo. Poco después, fui consciente de que Redención supo en todo momento cuál era mi verdadera naturaleza, pero, al parecer, optaron por escondérmelo.

No pude apagar mi instinto de venganza, el hecho de no haber sabido nada, el no tener a Mizuki a mi lado, como tanto podría ansiar. Necesitaba una vía de escape, y ésta fue optar por el exterminio de Redención. No hubo distinción de personas, de edades, de sexos... Nada. Después de semejante carnicería, retorné a Alemania, después de esa vuelta al mundo en busca de venganza. Una vez en mi apartamento, llamé por teléfono.

-¿Sí?
-Ángela, ¿Ya ha nacido?
-Si, ha nacido ya, se llama Kael.
-Ojalá estuviese allí para verlo.
Ángela se tomó un momento antes de responderme.
-Podrías hacerlo, y lo sabes.
-Lo entiendo, Ángela, pero tengo demasiadas cosas en las que pensar.
-Si alguna vez quieres verla, solo llámame, y te daré la dirección, ¿vale?
-De acuerdo, por ahora, tengo que descansar, gracias por cuidar de ella. Hasta otra.
-Hasta otra, Axel.

Ya habían pasado tres años, y... ¿Sabéis que? Cambié ligeramente en mi trabajo, no solo doy caza a demonios, si no también ángeles, ya no distingo unos de otros, todos al fin y al cabo, me parecen contradictorios, en teoría, los ángeles son buenos al fin y al cabo, pero... fueron capaces de matar a alguien de su misma raza, Ayelet, y está claro que si pendiese un fin mayor, te sacrificarán sin dudarlo. ¿Demonios? Los ''malos'' de la historia, pero hay de todo, todo el mundo los pinta de insensibles y despiadados ¿Y Asmodeus? Fue capaz de amar hasta el fin de sus días, y no conforme con eso, educó y mimó a una primogénita hasta la saciedad... personalmente, ya no sé lo que creer.

Salí de caza, esta vez, me tocó un demonio, el cual algo escurridizo, logró evadirme durante unos segundos, pero sus rastros son inconfundibles, más aún, para alguien que ha dedicado su vida a cazar, al llegar al callejón, vi un destello azul, una espada angélica, enfrentándose a ese demonio, supongo que ese fue mi día de suerte, un 2x1. Desde la lejanía, lancé a Desgarradora, y ésta dejó clavado al demonio muerto en la pared, y como era de suponer, el ángel se lanzó a por mi, y dado que no poseía mi espada, me serví de mis conjuros, lanzando bolas de fuego, una tras otra, esquivaba una tras otra, y la cual tenía una trayectoria perfecta, las hacía rebotar con su espada, hasta que finalmente, una de esas bolas la desarmó.

Cuando nuestros rostros se cruzaron, me di cuenta de que quizá ese no era mi día de suerte, simplemente... no sabía lo que iba a suceder, lo único que podía afirmar, es que habíamos vuelto a encontrarnos. Sí, volvía a tenerla frente a mí...

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