miércoles, 19 de septiembre de 2012

Capítulo 2: Perfectos desconocidos.

Llevaba un rato secando el mismo vaso, ensimismada, pensando en mil cosas y en nada a la vez. Tenía la mirada perdida en el pub, aunque no veía gran cosa, porque esa noche no había entrado nadie. "No me extraña", pensé, "Estamos a martes, ¿quién demonios va a entrar aquí un día de diario por la noche? No sé por qué Henry me hace trabajar este tipo de noches...". Henry no era el típico dueño de un bar que se ve, bajito, rechoncho, y con lamparones de grasa sobre una camiseta de tirantes y peludo, qué va. Henry era un gran hombre de negocios. Ambos locales le iban bastante bien, aunque "El Lobo" triunfaba los fines de semana, realmente. Henry era un hombre alto, entre 1,70 y 1,75. Tendría unos cuarenta y tantos años, pero no tenía el pelo excesivamente canoso, aunque algunas se veían sobre su pelo castaño. Tenía unos ojos de color miel muy intensos, profundos. Me sacó de mis pensamientos el movimiento de la puerta por el rabillo del ojo, así que sacudí la cabeza y coloqué el vaso en su sitio, tras de mí.
Al dejarlo, me volví hacia la barra, sonriendo falsamente, como siempre, pero había que atender a los clientes con una bonita sonrisa. Me encontré de cara con un muchacho de piel clara y pelo oscuro, negro, parecía, pero no estaba segura por la luz del local. El flequillo le tapaba un ojo, el izquierdo, y tan sólo dejaba ver el otro ojo, el cual me pareció ver que era rojo. El joven era más o menos igual de alto que Henry. Me ruboricé sin razón, pero conseguí hablarle.
-Bienvenido.-Me apoyé en la barra levemente.- ¿Qué desea tomar?
Se tomó un poco de tiempo para pensarlo, tocándose la barbilla. Puso la mano sobre la barra, decidido.
-Ponme un Gintonic, por favor.-Lo dijo totalmente serio, intentando evitar mirarme demasiado.
Asentí y me dí la vuelta, preparándole un Gintonic en un vaso corto y ancho, sirviéndoselo con pajita, una rodaja de limón, y una sonrisa.
Me dediqué a hacer mis cosas de camarera, -osease nada-, mientras se lo tomaba. Cuando le quedaba la mitad, me dirigió la mirada, pillándome de lleno observándole. Aparté la mirada roja, como un tomate, y me puse a barrer tras la barra, aunque no había nada que barrer.
Me pareció ver por el rabillo del ojo que sonreía, pero no estaba segura. Guardé la escoba y me quedé en la barra, apoyada sobre la mano y el codo y mirando hacia el lado opuesto. Estaba dispuesta a no mirarle, pero caí en la tentación, así soy yo, y volví la cabeza, llevándome una agradable sorpresa... creo.
Me sobresalté, dando un pequeño saltito. Me lo había encontrado a dos centímetros de mi cara y había estado a punto de soltarle un puñetazo en plena nariz. Me llevé la mano al pecho, respirando con dificultad por el susto.
-Dios... -Me reí nerviosa.- ¿Qué hacía ahí? Casi me mata del susto...
Soltó una carcajada que causó cierto estruendo incluso sobre la música y, cuando terminó, aún suspirando, se disculpó.
-Discúlpame, no he podido evitarlo... -Se le escapó otra pequeña risilla.-
-¿No ha podido evitar asustarme o reírse? -Alcé una ceja tras formular la pregunta, empezando a indignarme.-
-Reírme, pero te juro que no era mi intención asustarte. Y tutéame, por favor. Mi nombre es Axel. -Me tendió una mano, sonriendo alegremente. En ese momento me quedé paralizada. Su sonrisa era perfecta, tenía los labios gruesos, y eso hacía que, mientras los moviese, fuese irresistible. Se dió cuenta de mi ensimismamiento y sacudió la otra mano delante de mi cara.- ¡Eh! Vuelve en ti.
-M-Mi nombre es Mizuki. -Le estreché la mano con energía. Su mano ardía notablemente, lo que me hizo apartar la mía rápidamente.- Disculpa por haberme asustado así... Casi te doy un puñetazo en toda la cara.- Me reí tontamente, pero enseguida paré. Si por algo NO me caracterizaba era por saber romper el hielo. Era malísima intentando empezar una conversación, me ponía nerviosa, y decía la primera tontería que me pasaba por la cabeza. En este caso, ya se ha visto.
-Te hubieses hecho más daño tú que yo... -murmuró Axel para sí.
-¿Cómo?
-Nada, nada... -negó con la cabeza, sonriendo de nuevo de esa forma.
No sé qué me estaba pasando. Notaba una extraña energía que manaba de Axel, pero no sabía que era, ni tampoco si era buena o mala. Sólo sabía que me gustaba estar cerca suya, y lo haría cuanto pudiese en ese momento...

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